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El Exilio de Israel


La narrativa bíblica es intencionada. Es decir, fue escrita con intención. Los eventos que los profetas narran fueron eventos que el Señor orquestó con la intención de establecer paralelos entre lo que fue con lo que será. No son ilustraciones superficiales. En el pasado que presentan los profetas se esconde el futuro y la realidad de lo que es.

Israel fue exiliado. Lejos de la tierra. Con la memoria de un templo que asentado en Sion brillaba de esplendor. Desde el exilio no era así. La memoria del templo era dolorosa. De hecho, cualquier memoria en exilio es dolorosa. Nostálgica. Y quizás era lo único que les daba la sensación de propósito. Dios había hablado. El Señor había prometido. No era solo Israel. Era el mundo. De Jehová es la tierra y su plenitud, el mundo y todo lo que en él habita...

Muchos habían muerto en el desastre del 586. Dejaron familiares en la miseria de una tierra desolada. El recuerdo, la memoria, era dolorosa. Dulce y amarga.
Pero el Señor los acompaño. Estuvo con ellos en su dolor. Cada canción, cada oración, en cada salmo y cada suspiro el Señor los sustentó con ESPERANZA.

Finalmente el tiempo llegó. Había que regresar. Y todo fue un evento. Nada se da sin dificultades, pero, estas fueron superadas. La voz de los profetas volvió a sonar como shofar. El pueblo respondió porque oyó. Ahora había que escuchar. El templo había que levantar. Mientras en obediencia colocaban las bases una mezcla de júbilo y llanto llenó la tierra. Sión dió señales de vida. Como la mañana de resurrección. Como el rocío de la mañana. Refrescante. Vibrante fue el regreso.

Fue como la muerte y resurrección del Señor, el verdadero Israel.

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Regreso

Regreso. Luego del EXILIO viene el regreso. El Dios de Israel fue al EXILIO con el remanente, el verdadero Israel. Y desde el EXILIO preparó a un pueblo para REGRESAR.
Algunos no entendían porque había sufrido por setenta años. La confesión de Daniel en el exilio (Dn. 9) deja claro que lentamente el pensamiento y los sentimientos del pueblo estaban siendo alineados con el Corazón de Dios. Arrepentimiento.
El regreso se dió cuando habían finalmente entendido que solo Jehová era Dios. El nombre de los baales fue erradicado de los labios y corazón de Israel. Ahora Dios los despertaba a REGRESAR a su tierra y edificar el templo. A comenzar de nuevo con el pie derecho.

IMAGEN Y SEMEJANZA DE DIOS: ¿ADÁN O JESÚS?

INTRODUCCIÓNLuego de examinar lo que la teología protestante, católica y talmúdica enseñan sobre Adán y la imagen de Dios pude identificar un denominador común. La mayoría de los teólogos identifican al Adán de Génesis 1.26 con el primer Adán. Es sobre esta premisa que interpretan a Génesis 1.26 como evidencia bíblica de nuestro origen. Estos afirman que el ser humano es y fue creado a imagen y semejanza de Dios. Pese al acuerdo teológico en este respecto entre protestantes, católicos y el judaísmo talmúdico, estos difieren en que quiere decir el texto con imagen y semejanza de Dios. Teólogos protestantes tratan los dos términos, a saber, imagen y semejanza, como una misma cosa. Mientras que los católicos, siguiendo una tradición más antigua, explican que se trata de dos cosas distintas. La antigüedad de esta definición se puede trazar hasta Tomas de Aquino e Ireneo de Lyon. De estos dos gigantes de la fe es Ireneo de Lyon que identifica al Adán de Génesis 1.26 con el último o segundo…

Seriedad profunda y gozo inefable

La seriedad profunda de Dios Dios tiene la indiscutible e indubitable intención de: redimir, completar y bendecir la creación. (Rom. 8). No hay duda alguna. El ha tomado con seriedad profunda esta intención. Su creación y la necesidad de redención no es cosa liviana. Ha sido El y sólo El quien ha orquestado la historia redentora que nos presenta el Antiguo Testamento. Lo ha hecho a pesar de las rebeliones, pecados e iniquidades de los hijos de Adam e Israel. No vacila, ni descansa. No duerme el que cuida a Israel. (Sal. 121). En el momento climático de esta historia redentora  “el verbo se hizo carne”. (Jn. 1.14)
Y en palabras de Pablo: “Dios manifestado en carne”. (1Tim. 3.16).  La Encarnación: evidencia de la seriedad profunda de Dios La encarnación es evidencia indiscutible e indubitable de la seriedad profunda en su intención y propósito. De esto dan testimonio “los muchos” desde Moisés hasta los profetas. Sin embargo, ha sido el testimonio de los apóstoles el que fue acompañado con …